Educación para Abordar la Incertidumbre: una Necesidad Imperiosa en tiempos de Covid-19.

Por: Mireya B. Anzieta C. Directora Proyecto ACCEDU.

Cada 24 de enero se conmemora el Día Internacional de la Educación, fecha declarada por la UNESCO para celebrar la acción educativa global como gestora de la paz y el desarrollo. Dentro de los principios promovidos por este organismo, están la calidad, la equidad y la inclusión en la educación; sin embargo sus monitoreos e indicadores de educación -en niños y adolescentes a nivel mundial- están basados mayoritariamente en la escolarización o acceso a un sistema educativo predefinido, manejo de conocimientos y el paso por la educación primaria y secundaria. ¿Qué transformaciones estaría dispuesta la UNESCO a insertar en su agenda para redefinir la educación desde nuevas perspectivas y remecer así las premisas de la post modernidad? ¿Cómo incorporar en el diseño de la educación actual el factor incertidumbre para abordar desafíos sorpresivos, impredecibles y con necesidades de respuesta urgente? No se pueden dejar sin vistazo estas preguntas en la primera conmemoración de la educación en tiempos de pandemia.

Educación Post Covid-19.

Luego de un intenso 2020 donde no nos quedó más alternativa que la ubicuidad virtual para sostener el repertorio abultado de actividades en la economía productiva, la crianza, la recreación, el abastecimiento de servicios básicos, la educación y más; toca internalizar que esa modalidad se extenderá por un tiempo prolongado o al menos se mantendrá dual junto al retorno de ciertas labores presenciales.

Las medidas de autocuidado -como el distanciamiento social y el confinamiento en casa- afectaron una hebra importante en la educación, que ya venía siendo subvalorada: la interacción social. Esto porque los indicadores de habilidades sociales en entornos educativos suelen estar relegados detrás de las habilidades duras medidas cuantitativamente en las disciplinas básicas del conocimiento; y sólo en años recientes -quizá la última década- tomaron palco con las llamadas “Habilidades para el Siglo XXI” que de manera indirecta incorporan la interacción como base para el desarrollo de la comunicación, la resolución de problemas y la colaboración. Pero, ¿dónde se sitúa el factor incertidumbre a la hora de trabajar contenidos curriculares y extracurriculares? La documentación curricular de la educación chilena aborda la gestión de la incertidumbre sólo sutilmente o bien en temáticas puntuales como desastres naturales, y como es bastante lógico, estas problemáticas se plantean desde la descripción de las eventualidades más probables en Chile y sus medidas en algunos casos preventivas y en otros resolutivas.[ https://www.curriculumnacional.cl/portal/Documentos-Curriculares/Bases-curriculares/ ]

Entonces, no hay abordaje de la incertidumbre ni de la resiliencia, salvo la idea generalizada de que se debe volver a tomar el control dentro de probabilidades conocidas; y quizá por ello las respuestas sociales ante la aparición súbita del Covid-19 y su rápida diseminación, fueron tan dispares y ligadas al acervo de cada colectividad y no a un aprendizaje previo y observante de los fenómenos de la naturaleza, sus efectos y sus distintas escalas. De ahí que si algo debe incorporarse en la educación post Covid-19 será la gestión de la incertidumbre o gestión de situaciones de desconocimiento respecto de lo que depara el futuro.

¿Cómo insertar la incertidumbre en contenidos curriculares sin que provoque temor e inseguridad? Estas son algunas sugerencias que buscan potenciar la capacidad reflexiva, la observación libre y el pensamiento crítico en actividades educativas, como herramientas para incorporar progresivamente el concepto de incertidumbre.

1) Desarrollo de Desafíos versus Resolución de Problemas.

La palabra problema de por sí genera un problema: la predisposición casi inmediata a que estamos ante algo que nos afectará negativamente y que podría no tener solución. Algo que suele realizarse en la ciencia divergente o Ciclo de Indagación, es que no hay planteamiento de un problema en el inicio del trabajo investigativo. Lo interesante es que no por ello deja de aplicarse el Método Científico sino que el “Problema” es sacado del vocabulario y reemplazado por “Inquietud y Pregunta”. Es decir, observamos y detectamos algo que nos inquieta y tenemos la necesidad de dar respuesta. Toda actividad de indagación es un desafío, como lo es toda creación y toda resolución, ya que llevan implícitamente problemáticas; pero lo atractivo de este abordaje es su accesibilidad y su candidez, que a la larga y a través de la iteración constante, van reduciendo tensiones y transformándose en un hábito en el ejercicio intelectual. Tanto la vida escolar como la vida docente, debiesen tener un repertorio de oportunidades cotidianas sobre las cuales observar, detectar, inquietarse y formular preguntas; partiendo desde escalas pequeñas para poco a poco comprender fenómenos naturales y sus cambios, abordando los temidos problemas con actitud entusiasta.

2) Diversas Miradas a partir de Diversos Puntos de Vista.

Urge trabajar en clase el concepto de “punto de vista” a partir del cual se generan las diversas miradas. Ninguna persona puede situarse espacialmente en el mismo lugar que otra, esto es parte de las propiedades de la materia. Si lo llevamos al plano de la percepción y de la comprensión, podemos ejercitar en la práctica que lo que un observador ve desde una localización es muy distinto de lo que ve otro observador desde otra ubicación. Esto permite -en parte- comprender por qué un mismo fenómeno o panorama es comprendido de manera diversa según la posición espacial, temporal y el bagaje de cada persona. A través del juego de roles, juegos de mesa e incluso juegos de psicomotricidad, se puede emular la mirada de diversas especies, en distintas épocas y ante condiciones fluctuantes, logrando comprender algunos fenómenos naturales, tipos de interacción y desenlaces probables.

3) Darnos Cuenta de que nos Damos Cuenta.

Tomar conciencia es darse cuenta de que nos damos cuenta. Se trata de un principio básico de la metacognición y que debiese formar parte del quehacer educativo. La metacognición, componente de la Teoría de la Mente, suele utilizarse en forma automática, pero merece mayor atención y aplicación en el entrenamiento de habilidades. Comprender el origen de las propias respuestas -entre ellas el miedo y la desconfianza- así como la lectura acertada de las respuestas de los demás, urge como una medida precautoria para evitar conflictos innecesarios en la interacción humana. En el campo del aprendizaje, la metacognición amplía el horizonte del por qué, para qué y como aprendemos; y ese ejercicio lleva implícito que el factor incertidumbre más que tensar, podría llegar a ser un aliciente para responder esas preguntas. El el aula es posible realizar prácticas metacognitivas de tipo individual y cooperativa, con la guía y modelado del profesor. [[] https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sciarttext&pid=S0718-07052008000100011 ]

4) Niveles de Organización de la Vida.

Estos son elementos básicos en el estudio de las interacciones que ocurren en entre seres vivos y entre ellos y su ambiente (Ecología). Lamentablemente los contenidos curriculares de la enseñanza básica y media sólo los abordan de manera compartimentada en las ciencias de la naturaleza y luego no se volverán a revisar salvo que la persona opte por alguna carrera del área biológica. Comprender las interacciones básicas entre seres vivos -incluidos nosotros- reduce temores y se aprende a limar la incertidumbre modelando distintos escenarios dentro de múltiples probabilidades. Afortunadamente, el estudio de los niveles de la vida (individuo-población-comunidad-ecosistema-biomas-biósfera) puede desarrollarse con mucha versatilidad en la educación parvularia, básica y media; habiendo muchas opciones didácticas que acercan la naturaleza al estudiante y facilitan el ejercicio de ponerse por un momento en el lugar de otras especies, sus puntos de vista, roles, interacciones y amenazas. Trabajar en la comprensión de los niveles de la vida, sabiéndonos parte de un sistema global, permite incorporar el ejercicio de humildad, de empatía y de tránsito por la incertidumbre como un elemento más, siempre presente.

5) Sesgo de Confirmación.

Al momento de abordar cualquier discusión, el llamado sesgo de confirmación, tendría que primar como antiregla básica en la escucha, análisis y refutaciones de parte y parte. Se trata de un sesgo cognitivo, una respuesta casi espontánea de nuestro cerebro por confirmar, integrar y/o mantener nuestras ideas preconcebidas. Al cerebro le gusta sentir que tiene razón, como mecanismo para evitar gasto energético. Por ello suele ser común que las preconcepciones suelan ser confirmadas y reconfirmadas constantemente, reforzando creencias. El asunto es que el aprendizaje y la ampliación de los límites del conocimiento se ven afectados por este sesgo; lo que en consecuencia afecta la toma de decisiones, la adaptación a cambios (o resistencia a ellos), la resolución de conflictos y la inclusión de nuevas perspectivas. El sesgo de confirmación debiese como concepto abordarse -quizá- en la enseñanza media y ejercitarse previamente en edades tempranas a través de juegos que impliquen rotar por diversos puntos de vista y ponernos en el lugar del contrario.

Sólo es Cierto lo Incierto.

Como no se puede abolir la incertidumbre y siempre ocupará un margen variable de la realidad presente, la coexistencia con el Covid-19 y otros desafíos futuros sólo podrán ser llevaderos dejando entrar y circular en nuestras acciones las distintas perspectivas del pensamiento crítico, donde la racionalidad no sea autora de más devastación sino de una recuperación paulatina de la vida humana y de las demás formas de vida.

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