Innovar en Educación: una acción urgente para sustentar el aprendizaje en pandemia

Por: Mireya B. Anzieta Calle
Septiembre 23, 2020

A seis meses de la suspensión temporal de clases presenciales instruida por el Ministerio de Educación, se mantiene un vaivén de prácticas orientadas a dar cumplimiento con la programación y labor educativa, con un afán más bien puesto en consumar el año escolar que en adecuar el contexto de aprendizaje según lo permite cada realidad individual, familiar y territorial. Aún así, los esfuerzos claramente están pero han recaído casi exclusivamente en asemejar lo que más se pueda una clase virtual sincrónica a lo que era una clase en espacio y tiempo presente al interior de un aula. Afortunadamente las Tecnologías de Información están presentes y prestan una amplia gama de alternativas para facilitar el acceso a contenidos y a la comunicación, pero han quedado sin tanta atención aspectos como la interacción socioemocional y el aprendizaje cotidiano y contextualizado, como opciones también válidas para enriquecer la educación formal.

Si hacemos por un día el ejercicio de imaginar cómo asegurar el aprendizaje si una situación global -tal como lo es esta pandemia- amenazara el acceso el internet o incluso a un flujo constante de energía eléctrica…¿qué haríamos para aprender? ¿cómo haríamos para acceder a grandes cantidades de información? ¿cuáles serían las opciones y prioridades educativas? ¿cómo haríamos para comunicarnos con personas distantes? Estas preguntas son claves para revalorizar el aprendizaje situado y otras prácticas educativas de primera mano que obligan al ser humano a generar su propio conocimiento. Aunque parezca una locura, se trata de prácticas simples, accesibles y del alto impacto, que además permiten el desarrollo del pensamiento crítico y científico.

El aprendizaje situado se basa en escenarios reales y específicos de la cotidianidad del estudiante, en donde es posible desarrollar las mismas habilidades y competencias propuestas en un curriculum regular o a través de metodologías oficiales, pero partiendo desde la observación directa de los elementos y fenómenos que ocurren en el entorno cercano. En situación de confinamiento ese entorno es el hogar y lo que allí ocurre y está presente. Por más simple que parezca, ante nuestros ojos se desarrollan múltiples fenómenos naturales y sociales a cada minuto, sólo que no siempre tomamos conciencia de aquello. El aprendizaje situado -en conjunción con metodologías como ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), el Ciclo de Indagación (Método Científico Simplificado) y otras prácticas de la educación auténtica, estimulan la observación y la formulación de preguntas, a partir de inquietudes que suelen aparecer espontáneamente en el estudiante desde sus propios intereses o a partir de lo que perciben sus sentidos. Una telaraña en tubo encontrada en la esquina de una casa, el flujo vehicular que se observa desde una ventana, la nubosidad en una tarde, el polvo barrido en un dormitorio, el jabón que consumimos al lavarnos muchas veces las manos en este período especial o una aspirina que tomamos cuando nos duele la cabeza; contienen ricas preguntas que pueden ser respondidas con indagaciones prácticas y cubrir así contenidos de matemática, química, biología, física, arte y prácticamente cualquier disciplina; y lo mejor es que son escalables y ajustables a cualquier curso, desde la educación parvularia hasta la enseñanza media.

Cosas importantes pasan ante nuestros sentidos, pero la vorágine nos impide detectarlas, apreciarlas y aprender de ellas. La misma pandemia por el coronavirus es una macrotemática a partir de la cual se pueden desprender amplios conocimientos de la historia, microbiología, sociología, economía, prevención de riesgos, planificación, interacción humana y mucho más. El único requisito es reencantarse con el aprendizaje, para disfrutarlo y fomentar así el hábito creativo. Usualmente de lo forzado nada bueno suele salir y quizá es el momento de desamarrar los apretados tirantes de la educación formal y proponer una didáctica diferente, resiliente y responsiva con los actuales acontecimientos del planeta. Ningún estudiante debiese quedar fuera de la posibilidad de sorprenderse aprendiendo, y de nutrir su identidad y autoconfianza a partir del propio conocimiento creado. No podemos alienarnos y dejar descansar los desafíos educativos sólo y exclusivamente en la tecnología, debemos saber cómo optimizarla y cómo responder si algo o alguien halara del enchufe de la red global. Innovar es eso, realizar cambios novedosos muchas veces a partir de cosas simples pero plausibles.

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